Para dejar de fumar

Los efectos negativos del tabaco son ampliamente conocidos: después de décadas de campañas en todo el mundo, casi no hay gente que no sepa que fumar produce cáncer, afecta el corazón, pone en riesgo la salud o incluso la vida misma de un bebé en gestación, adelanta la menopausia, influye en la propensión a la impotencia sexual, reduce la elasticidad de la piel, reduce la capacidad pulmonar, así como la capacidad olfativa y gustativa. Incluso por razones estéticas, como el mal aliento, el olor de la ropa o el pelo, y los dedos y dientes amarillos, es claro que la adicción al tabaco tiene un precio muy alto para el cuerpo de las personas y para los servicios de salud, que gastan muchísimo dinero en atender enfermedades relacionadas con ese vicio.

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Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata anualmente a cinco millones de personas, es decir, más que el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis combinadas.

Pero las campañas de salud, las leyes que restringen los espacios para fumar, las restricciones publicitarias al tabaco o grandes avisos en las cajetillas, que en algunos países incluyen fotos explícitas de pulmones o dientes dañados, no han sido suficientes para convencer a muchos fumadores.

Hay varios métodos que ayudan a dejar de fumar, pero su efectividad depende de la voluntad de cada persona. La palabra clave es ‘ayudan’, pues ninguno de ellos tiene un efecto de varita mágica que cambiará las cosas de la noche a la mañana. Entre las opciones disponibles están los parches y chicles de nicotina, las pastillas de hidrocloruro de bupropion, la hipnosis y la acupuntura. Todos estos métodos son útiles siempre y cuando se apoyen firmemente en la voluntad, porque si bien la adicción a la nicotina del tabaco puede ser reemplazada con métodos no dañinos como los parches, existen acciones mecánicas como el de llevarse la mano a la boca, la sensación de tener algo entre los dedos, o actividades como comer o ir de fiesta, que algunas personas asocian con fumar.

Independientemente del método escogido, es importante apoyarse en familiares, amigos, y tener una supervisión médica (sobre todo si piensa recurrir a las pastillas de bupropion, pues no son de venta libre). Después de todo, se trata de combatir una adicción que, aunque socialmente aceptada, también lleva a sufrir cambios de ánimo, recaídas y, quizá la más temida por muchos fumadores en proceso de dejar el tabaco, el aumento de peso.

La mentalidad a largo plazo es fundamental. Los beneficios para la salud compensan ampliamente un aumento de peso temporal y por eso, la combinación de ejercicio con una dieta baja en calorías y discutida previamente con el médico ayuda a contrarrestar el aumento de peso que suele venir con la suspensión del cigarrillo.

Aunque dejar de fumar no es fácil, la información al respecto está disponible con mucha facilidad, y el dinero que cuestan los parches, chicles u otros métodos es menor que lo gastado en cigarrillos en un período similar al del tratamiento. Lo anterior, por no comparar los enormes costos económicos y personales que pueden traer posteriormente enfermedades asociadas al tabaco, como el cáncer, que no justifican seguir pagando por el placer aparente de fumar. Los problemas, sin embargo, son muy reales.

Source:
http://www.semana.com/noticias-vida-moderna/para-dejar-fumar/124597.aspx

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